Cerca de la frontera entre Italia y Eslovenia, en la localidad italiana de Cormons, existe un viñedo-museo en el que se cultivan más de 550 variedades de uvas provenientes de todo el mundo. El viñedo se extiende en dos hectáreas y se compone de un 80% de uvas blancas y de un 20% de tintas. Al vino que allí se produce se le ha llamado “Vino della Pace”, es decir, el Vino de la Paz.

La idea de dar vida a este inmenso proyecto, del que destaca su profundo valor simbólico, fue de la Cooperativa de bodegas locales de Cormons que consiguieron hacer la primera cosecha en 1985, dos años después de haber plantado las primeras vides.

¿Y qué calidad de uvas se encuentran en este lugar tan excepcional?

Pues, entre otras, la Godello española, junto al Chenin Blanc francés, o al Zinfandel de California, por ejemplo, pero hay muchas más. Y esta lista no es definitiva, ya que cada año se pueden añadir nuevas variedades.

Todo el vino que nace de este espectacular viñedo se produce como vino blanco y se deja reposar en barrica por algunos meses. Lo más increíble es que las distintas variedades de uvas se han adaptado a madurar con los mismos tiempos.

Del Vino de la Paz se producen más o menos 10.000 botellas al año, en parte destinadas a los líderes mundiales, civiles y religiosos, pero también a coleccionistas de vinos únicos así como a apasionados de arte. Sí, porque otra peculiaridad de estas botellas es que sus etiquetas son obras de artistas famosos, cada año se seleccionan tres, desde Arnaldo Pomodoro y Enrico Bay (las primeras de 1985), hasta Yoko Ono y Fernando Botero, entre otros.

Desde el año 2015, el Vino de la Paz lleva a una dimensión más concreta su propósito escrito en el nombre, relacionándose a proyectos y obras solidarias.

Surge espontáneo preguntarse a qué puede saber un vino de origen tan variado. Bueno, probarlo es claramente un privilegio de pocos (si tienes la suerte de dar con una botella, el valor es de 70 euros más o menos).

Aunque este vino en principio puede provocar perplejidad, al nacer de una mezcla de más de 550 uvas distintas, su calidad es excelente. De color amarillo vivo, se caracteriza por un perfume de especias que recuerda el aroma oriental de las variedades de Armenia, del Cáucaso, y de Turquía. Variedades que inciden con mayor fuerza. Su sabor es redondo, completo y ligeramente seco, con un regusto de vainilla y moscatel.

Por su significado de hermandad entre los pueblos del mundo y su visión original e innovadora, el Vino de la Paz es un ejemplo de cómo un producto de la tierra y del trabajo del hombre puede llenarse de valores simbólicos, históricos y culturales. Y de cómo lo bueno puede llevar a resultados inesperados.

Fuente imágenes: cormons

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